Dulces sueños

Anochece en Porto. En una habitación de un hotel, un hombre se siente solo. Escribe mensajes para llenar el vacío. En casa todos están bien, lo que más importa. De repente, se acuerda de ella, aquel amor que hace poco apareció de nuevo en su vida. Lo que daría por saber qué está haciendo en este momento. Sonríe. Con un ¿qué me cuentas?, empieza el juego. A pesar de la distancia, la invita a cenar. ¿Me acompañas? Ella le sorprende con algo todavía mejor. Escucha un fado, “Lágrima” de Dulce Pontes y bailamos· ¿Qué te parece? Y aquella noche él se acuesta con la mejor de las compañías: su recuerdo.